NATURALEZA HUMANA EN HOBBES Y HUME: las consecuencias que estas ideas en el orden social. 

Thomas Hobbes entiende que la naturaleza humana, la esencia del hombre, es intrínsecamente egoísta y violenta. Pero sería un error pensar que Hobbes sacó esta idea del bolsillo así como Ramanujan lo hacía con sus teoremas matemáticos.

Antes del estado existía una convivencia libre de lazos comunitarios entre los hombres. La sociedad antes de la fundación formal de cualquier forma de Estado u orden político estaba conformada por hombres libres. Siguiendo la tradición iusnaturalista previa, Hobbes otorga derechos naturales a los hombres; derechos que le son otorgados por naturaleza y no por alguna clase de autoridad.  El principal de estos derechos es el de la autoconservación, es decir,  el hombre tiene derecho a mantenerse vivo. Así mismo tiene derecho, natural, a hacer lo que considere necesario para lograr este propósito, lo que equivale a valerse de la fuerza y de los medios que tenga a su alcance.

Siendo así las cosas el estado de naturaleza es para Hobbes “una guerra de todos contra todos”. Pero no solo existían los derechos naturales sino también la Ley Natural: esta mandaba al hombre a buscar la paz hasta donde le fuera posible alcanzarla. Este mandato es el que saca al hombre de su estado de naturaleza pero por una causa muy razonable, a saber, el hombre debía conservarse vivo por lo que los demás hombres eran amenazas para él así como él lo era para los otros, por lo tanto, no podía ejercer su derecho natural sin atentar en contra de la ley natural. Bajo este razonamiento es que los hombres deciden establecer un pacto social que asegurara la paz.

Para poder asegurar la paz lo que se debía reprimir en el hombre era el egoísmo y violencia que decantaba de su derecho natural. Por lo tanto el pacto social debía dar  al soberano, y solo al soberano, el derecho de valerse de los medios necesarios para asegurar la paz. Cabe mencionar que Hobbes establece que los medios de los que se podía valer el soberano para mantener la paz tenían un solo limite, un límite también natural y que resulta obvio, a saber, no puede matar al hombre. Es lógico este límite pues si el soberano había sido embestido de todo el poder y se le habían  traspasado todos los derechos particulares fue precisamente para asegurar la paz y la vida, por lo tanto, no puede le soberano quitar la vida al hombre porque estaría incumpliendo el pacto social realizado entre él y los hombres con. [1]

Como consecuencia de este equilibrio de obligaciones y derechos del soberano surge un Estado fuerte, un Estado con monopolio de la fuerza y con todo el derecho para si. Es muy importante consignar que Hobbes entiende que el egoísmo del hombre en su estado natural es su esencia, es su forma propia de ser, es intrínseco en él un comportamiento violento, por lo tanto, para poder reprimir este comportamiento innato en el hombre se debe reprimir su libertad.

Cuando el hombre se ve libre, sin normas que seguir y que adoctrinen su comportamiento, será un ser violento. Por este motivo para anular ese comportamiento violento lo que hay que anular es el fundamento del mismo, es decir, la libertad del hombre. Esto claramente nos deja un estado totalitario y es lo que finalmente nos presenta Hobbes. Un estado y una sociedad en donde la amenaza constante a que el hombre, al verse libre, desate su violencia, es la que da legitimidad al soberano para reprimir la libertad del individuo,  pues no lo hace por maldad sino que lo hace porque es su mandato original: mantener la paz y la vida del hombre.

Será precisamente esta característica del estado consecuente de los derechos naturales del hombre lo que resonará en Hume y  llevará su argumento a hurgar en las bases mismas de la esencia del hombre.

David Hume presenta también un estado de naturaleza del hombre pero este es completamente opuesto a como lo concibió Hobbes y la diferencia no radica en un contradicción sistemática de las apreciaciones de Hobbes sino que el argumento central sobre el cual Hobbes fundamenta toda su teoría es el que será negado por Hume, a saber, la racionalidad que guía el comportamiento del hombre en su estado de naturaleza. No olvidemos que Hobbes establece que el pacto social fue nada más y nada menos que un sacrificio de los derechos por un bien mayor, es decir, pura racionalidad materializada.  Pues bien, Hume dirá que la conducta de los hombres no está guiada por su racionalidad. Para este pensador la razón está al servicio de las pasiones, y son estas últimas las que guían  esencialmente la conducta del hombre. Hume dirá:

“La razón es y sólo puede ser la esclava de las pasiones y no puede pretender otro oficio más que servirlas y obedecerlas” [2]

Nuevamente, es necesario explicar esta premisa de Hume que, por supuesto, es una deducción lógica y no solo una frase que buscaba fama.

Esta aseveración surge en la explicación que da Hume sobre las raíces o fundamentos de la moral. Para él la moral no es lo que normalmente se entiende por ella, es decir, un imperativo categórico meramente racional  sobre el hombre, sino que la moral es nada más que la misma voluntad del hombre. Para Hume la moral no es algo difícil o que disguste al hombre sino que es intrínseca en él. La interpretación que otorga a la moral cualidades racionales parte de, lo que él llamará, una falacia natural; una premisa sobre el ser de algo no implica una conclusión lógica en el deber ser de la cosa. Por ejemplo: la premisa “si no recolectas la fruta del árbol se caerá y se pudrirá” (esto es el ser) luego “debes recolectar la fruta del árbol” (esto es el deber ser) es una falacia natural puesto que no hay nada en la premisa que me permita llegar lógicamente a la conclusión, es decir, no hay nada en el ser que me lleve al deber ser. 

Este es el punto de inflexión entre Hume y Hobbes porque la moral existe, y sabemos que no es racional, que no está guiada por la razón, entonces ¿de dónde proviene? Para Hume proviene de la esencia misma del hombre. Esta nueva concepción de su naturaleza implicará, por supuesto, un giro en 180º respecto del estado y las características de este según Hobbes.

Es un hecho que la violencia en el hombre existe pero mientras Hobbes le otorgaba un carácter natural a la misma Hume considera que esta surge por la opresión que se ejerce sobre las pasiones del hombre y son estas, las pasiones, las que rigen el comportamiento humano.

Al respecto de las pasiones dice Aristóteles en su Ética a Nicómaco:

“De los apetitos, unos parecen ser comunes a todos los hombres; otros, peculiares y adquiridos; por ejemplo, el apetito del alimento es natural, pues todo el que está en necesidad desea alimento solido o líquido, y a veces ambos; y el joven que está en el vigor de la edad apetece la unión carnal como dice Homero; pero no todos apetecen tal o cual cosa, ni las mismas. Y es por esto por lo que el apetito parece ser algo nuestro. Son embargo, tiene también algo de natural, porque unas cosas son agradables a unos y otras a otros, y todavía hay algunas que son más agradables a todos que las ordinarias”[3]

Lo que refleja esta cita es el argumento de Hume y su crítica al mismo tiempo; si bien comparte la opinión sobre la naturaleza de los apetitos y pasiones en el hombre, también manifiesta que estos no son comunes a todos los hombres, por lo tanto, si la moral en el estado de naturaleza de Hobbes está regida por las pasiones tendremos un desorden total pues las pasiones de cada quien serán diferentes, sin embargo, Hume  hace primar el sentimiento de simpatía con el cual nace el hombre, la capacidad de ponerse en el lugar del otro y de empatizar con su sentir. Un buen ejemplo de esto son los niños de 0 a 1 año, si un adulto se para delante de ellos y ríe, el niño reirá también. La psicología dirá que es porque nuestra estructura de desarrollo en una primera etapa se basa en la imitación y la constante búsqueda de emulación de los demás; pero Hume dirá que es la capacidad  natural del hombre de simpatizar con las pasiones del resto.

Considerando esta capacidad del hombre de simpatizar con las pasiones de los demás, es de esperarse que en el estado de naturaleza el hombre podía poner sus propias pasiones en sintonías de las de todos los demás, por lo tanto, para Hume el estado de naturaleza antes de la fundación del estado era un lugar pacífico. Muy alejado del estado de guerra de todos contra todos de Hobbes.

Claramente Hume ve también la violencia en el hombre pero para él esta es producto de la violencia que ejerce el estado sobre el hombre. Hume era empirista, por lo tanto, nada había en el hombre antes que la experiencia, siendo así, el hombre aprehendía la violencia que contra él se aplicaba, antes de eso, él no la conocía.

[1] En Hobbes el pacto social se realiza entre todos los hombres con el soberano. En cambio, para  Locke no será un pacto sino un contrato social y este contrato será primero entre todos los hombres y segundo entre todos ellos con el soberano.

[1] (BIS)  Otra salvedad necesaria es que Hobbes no concibe un estado monárquico o liberal. Hobbes habla de un Leviatán que concentre todo el poder, pero este leviatán o soberano puede ser tanto un rey como una estructura Estatal completa,. El concepto es la concentración de la fuerza y la aplicación legitima de la violencia y en una sola instancia (rey o estado).

 

[2] (Hume, David. (1739). Tratado sobre la Naturaleza Humana. P. 303. Traducción del inglés de Vicente Viqueira. 2001. Recuperado de http://23118.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/informacion_adicional/obligatorias/034_historia_2/Archivos/Hume_tratado.pdf

[3] Aristóteles, Ética a Nicómaco. Libro III. Cap. 11.  Edición de editorial Gredos. Madrid (2014). Pag. 98. Sec. 10-15

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